Semana Mundial de Cinefilia:

El alma de Córdoba

17 de junio 2026 - Por Leonardo Bomfim

Los vasos de Fernet con coca y las pizzas para compartir sobre las mesas evitan cualquier confusión: estamos, efectivamente, en Argentina. No en Buenos Aires, ni en Mar del Plata, sino en Córdoba, a 700 kilómetros al noroeste de la capital. Más precisamente, en el patio exterior del Cineclub Municipal Hugo del Carril. La gélida temperatura otoñal (3 grados) no desalienta a los entusiastas espectadores que, hasta las 2 de la mañana de este lunes por la noche, continúan conversando sobre la luminosa filmografía de Leonardo Favio, luego de las cuatro funciones consagradas este día al cine mudo, en la séptima Semana Mundial de la Cinefilia.

Creada en 2018 por la revista La vida útil, en colaboración con el Cineclub Municipal (entiéndase, el cine municipal; el término «club» evoca un funcionamiento asociativo), la Semana se convirtió rápidamente en un referente: ese momento del año en el que los apasionados del cine se dirigen hacia la segunda región más poblada de Argentina para aventurarse en otro mundo, donde los descubrimientos de películas y las amistades nacientes se confunden.

Asiduo y programador del evento desde su mismísima primera edición, José Fuentes Navarro es categórico:

«La gente viene de otras regiones y de otros países no solo para ver películas, sino para comprender cómo Córdoba se convirtió en el centro de la cinefilia argentina».

Gracias a los archivos del historiador Fernando Martín Peña y al apoyo del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken, pero también al trabajo de investigación —a veces salvaje— de los cinéfilos-programadores, el evento invita a un viaje a través de la historia, a menudo secreta, del cine. Con un ritmo frenético de cuatro funciones únicas cada día, se puede pasar de un western político de Allan Dwan como La mujer que casi fue linchada (1953) a un prodigio boliviano de José María Velasco Maidana, Wara Wara (1930); las risas filosóficas de Raoul Ruiz en El techo de la ballena (1982) se confunden con la risa amarga «muy pequeña, muy pequeña» de los fascistas de Anni ruggenti (Los años rugientes, 1962) de Luigi Zampa; un estreno, Ick de Joseph Kahn (2024), convive con la recuperación de un clásico argentino, La guerra gaucha de Lucas Demare (1942).

Durante la presentación de una función, la crítica y programadora Lucía Salas definió el propósito del evento:

«No se trata solo de programar películas, sino personas, para que compartan sus elecciones».

Impulsada por este espíritu colaborativo y autogestivo, la Semana presenta cada año una selección oficial que, burlándose de la solemnidad de las competencias festivaleras, integra selecciones libres confeccionadas por invitados. El chileno Héctor Oyarzún, el dominicano Diego Cepeda, así como las argentinas Malena León y Lucía Requejo presentaban a mediados de mayo programas dobles bajo la consigna de este año: la utopía y la distopía.

Quimeras y pasiones
Entusiasmado por el reciente estreno de La noche está marchándose ya de Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas (2025) —filmada aquí mismo, en el Cineclub Municipal Hugo del Carril—, el crítico marplatense José Miccio afirmaba durante la presentación de esta edición:

«Estamos aquí en el lugar más importante para hablar de cine en Argentina; lo que vivimos estos días nos ayuda a comprender la efervescencia que existe hoy en Córdoba en términos de realización, crítica y animación de cineclubes».

Luego de ver cómo las imágenes en blanco y negro de Sonzini y Salinas se apropian de este cine ubicado en el bulevar San Juan, una de las arterias principales de la ciudad, uno puede sorprenderse por la intensidad del rojo que domina en el hall de entrada. Allí, la estatua del fundador de la sala, Daniel Salzano, fallecido en 2014, contempla a los espectadores de todas las edades que esperan para comprar sus entradas. Estos avanzan hacia el ingreso de la Sala Mayor, que puede albergar a 170 personas, tras atravesar un pasillo cubierto de espejos y dejar atrás la biblioteca, el bar y las oficinas decoradas con afiches de películas de Josef von Sternberg y Joseph H. Lewis. También queda atrás la escalera que conduce al Auditorio Fahrenheit, donde se dictan talleres y una serie de cineclubes, algunos de los cuales ya se han convertido en instituciones, como La Quimera o Cinéfilo de los fuertes.

Bautizado en homenaje a uno de los grandes maestros del cine sudamericano, el Cineclub Municipal Hugo del Carril fue inaugurado el 30 de marzo de 2001, un año histórico para el Nuevo Cine Argentino —el del estreno de los primeros largometrajes de Lucrecia Martel y Lisandro Alonso— y trágico para el país: el colapso financiero de diciembre condenó prácticamente toda actividad del espacio apenas abierto. La solución encontrada para garantizar su supervivencia consistió en crear una asociación de amigos sin fines de lucro, encargada de gestionar el lugar en colaboración con la municipalidad. Es así, bajo esta misma lógica colaborativa, como los amigos de la sala comenzaron a programar en la Semana.

Guillermo Franco, director de programación del Cineclub Municipal, no oculta su alegría ante la afluencia de público durante estos días:

«Es una alegría ver a los hijos de los espectadores del primer año frecuentar el lugar hoy. ¡Ni siquiera habían nacido cuando se creó el Cineclub Municipal!».

Este intercambio generacional es, sin duda, lo que marca a la Semana por encima de todo lo demás. Basta ver cómo un ciclo consagrado a las divas de la comedia argentina de los años 40, presentado con pasión por Fernando Martín Peña y Paula Félix-Didier (directora del Museo del Cine) y proyectado en copias de 16 mm, se convirtió en uno de los fenómenos de la semana. Obras maestras como La doctora quiere tangos de Alberto de Zavalía (1949), impulsada por la vitalidad desenfrenada de la actriz Mirtha Legrand, despertaron tanto el encanto del reencuentro para algunos como el placer del descubrimiento en la Sala Mayor para los espectadores más jóvenes, quienes aplaudían con entusiasmo.

¡Dime que me amas, Cineclub!

Instructivo para inscribirse a seminarios/talleres.

-Una vez seleccionado el seminario/taller que te interese, deberás acceder al botón “Suscripción socio” o “Suscripción No Socio” según corresponda.

-Luego completá los datos de la suscripción con tu tarjeta de crédito o débito.

-Finalmente, el sistema te direccionará a un formulario que deberás rellenar con los datos de la persona que se inscribe al taller y así concluir la suscripción.

– El cobro de dicha suscripción se aplicará el día 10 de cada mes, pudiendo cancelarla sin cargo antes de esa fecha, de lo contrario se debitará la cuota correspondiente.

-Para ver el estado de tu suscripción o cancelarla podrás ingresar acá con usuario y contraseña (estos datos te llegan por correo electrónico al momento de registrarte).

-No se reciben pagos por clase individual o por fracción de mes.

-No se reciben transferencias.

Ante cualquier consulta, podrás comunicarte con nosotros a administracion@cineclubmunicipal.org.ar

 ¡IMPORTANTE!

Al momento de suscribirte estás abonando la cuota del mes en curso y quedás adherido al débito automático mensual de las demás cuotas del seminario/taller.

En caso de que no quieras adherirte al débito automático mensual, podés acercarte al Cineclub Municipal y abonar en efectivo o con tarjeta de débito. La cuota es mensual y se abona del 1 al 10 de cada mes, sin excepción. En caso de abonar fuera de esa fecha, se cobrará un recargo del 10% sobre el valor de la cuota.

¡Muchas gracias!