SELECCIÓN DE DIEGO CEPEDA

7ma SEMANA MUNDIAL DE LA CINEFILIA

Utopía. Películas perfectas

Ese humo y su historia(Oscar Torres, Repúbica Dominicana, 1963, 5’) + La mancha de sangre (Adolfo Best-Maugard, México, 1937, 70’).
VIE 8/5, 17:00 hs.

Como escribió María Negroni: Una isla, podría decirse, es lo que queda cuando todo se ha perdido. Un museo personal que trae lo muerto de sí a un diorama viviente. Un resabio de algo olvidado que se organiza a partir de una huella. Quizás el cine fue siempre esa isla ruinosa. Su historia está repleta de películas inacabadas, censuradas o mutiladas que delinean mapas fantásticos. Uno de esos mapas lo encontramos en los descartes de una película dirigida por Oscar Torres titulada Ese humo y su historia (1963), que aparentaba ser un anuncio publicitario para una fábrica de cigarrillos. Perseguido y exiliado durante la dictadura de Trujillo, este crítico de cine se formó como cineasta en Italia, trabajó en la División de Educación de la Comunidad en Puerto Rico y, más tarde, en el contexto del primer cine revolucionario en Cuba. Nunca pudo filmar las películas que planeaba para su país. Sin embargo, esta película huérfana, que se encontró en la Library of Congress en 2024, esconde un proyecto utópico que excede el encargo de su realización: filmada en República Dominicana, se compone de ilustraciones que narran el proceso colonial, un libro con las décimas de un poeta dominicano, los campos de la región del Cibao, un hombre y una mujer multiplicados por espejos y fumando, créditos que apuntan hacia una narración en off y canciones que nunca escuchamos, así como todo un despliegue de material fílmico, perforaciones, rayaduras y mensajes secretos que unen estos vestigios.

El humo también estará presente en La mancha de sangre (Adolfo Best Maugard, 1937), otra ruina que amontona la vida nocturna, el quehacer y las emociones en un cabaret. Trazando un diálogo entre el cine de vanguardia y anticipando el neorrealismo, la película sobrevive de manera incompleta: uno de sus rollos no tiene sonido y el último no tiene imagen. Prohibida por el gobierno de Lázaro Cárdenas, y con unos pocos días de exhibición en 1943, se dio por perdida hasta su recuperación parcial en 1993. Imperfecta y fragmentada, como la historia de amor que retrata (entre una dama de salón y un joven de provincias), la película manifiesta en su interior su carácter más obstinado. No es casualidad que su director, un pintor mexicano, hubiera colaborado años antes con Sergei Eisenstein en ¡Que viva México!, otro de esos tantos mapas inacabados del cine.

Distopía. Futuros imperfectos:

Fantasía urbana (El Grupo Tres, Repúbica Dominicana, 2025, 5’) + El complot de Aristóteles (Jean-Pierre Bekolo, Camerún, 1996, 72’).
VIE 8/5, 19:00 hs.

Desde Camerún hasta la República Dominicana, las películas de esta sesión exploran y cuestionan cómo ese otro país llamado “Cine” les ha enseñado desde hace mucho tiempo a ver el mundo y a imaginar sus historias. A medio camino entre la ficción distópica y el ensayo metacinematográfico, El complot de Aristóteles nos presenta a E.T. (Essomba Tourneur), un cineasta que regresa a su país, pero ya no lo entiende: las historias de Hollywood y las películas de acción han reemplazado a la realidad. Un grupo de gánsteres cinéfilos, bajo el mando de un líder llamado “Cinema”, se ha apoderado del Cinema África. En esta sala de cine se venera a Nikita, Van Damme, Stallone, Bruce Lee y Schwarzenegger, y se rechaza todo el cine nacional. Tourneur tendrá entonces que vengarse tanto en la teoría como en la práctica. Quedará por ver si lo que cada personaje entiende por “cine” no vino del extranjero, sino que ya existía en el continente, mucho antes de que Aristóteles sentara las bases de la dramaturgia occidental. Por otro lado, Fantasía urbana se presenta como un objeto perdido en el tiempo, dentro del laberinto histórico del cine caribeño. Después de una jornada laboral llena de trucajes fantásticos, un grupo de hadas del cine primitivo dominicano regresa cansado a la ciudad de Santo Domingo para tomarse una cerveza en un colmado. Mientras que la película de Bekolo respondía a un encargo del British Film Institute para celebrar los primeros 100 años del cine, la de El Grupo Tres surgió de un taller universitario impartido por Pablo Marín en la Carrera de Cine de Chavón, La Escuela de Diseño. Ambas pretenden, a su manera, jugar al país del “Cine”, haciendo bailar su historia sin concesiones.

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