Las calles

(Las calles, Argentina, 2016, Digital HD, 81’, ATP)
Dirección: María Aparicio. Con Eva Bianco, Mara Santucho.

En Puerto Pirámides, un pequeño pueblo de la Patagonia, las calles no tienen nombres. Julia, maestra de la única escuela del lugar, desarrolla un proyecto escolar que compromete a sus alumnos con un objetivo común: buscarle denominaciones a las arterias. Luna, Eli, Maxi, Renzo, Juan… son algunos de los niños que habitan el pueblo y que entrevistan a los pobladores, con la idea de conocer sus historias y escuchar sugerencias. En su recorrido oyen distintos relatos, donde los pioneros, el mar, la costa, la pesca o el trabajo rural son temas esenciales.

Si bien es una película amorosa, con un punto de vista delicado sobre la vida de un lugar y de unas personas (sobre todo un punto de vista delicado sobre la intimidad de un lugar y unas personas), lo que me encantó de Las calles fue una cuestión más formal: la puesta en escena de las entrevistas. Porque “Puesta en escena” y “entrevista” (conceptos contrarios entre sí: uno es artificio y otro debería ser un registro de la realidad) son los dos mecanismos a través de los cuales la película consigue ese punto de vista íntimo, espontáneo y verdadero (y lo que conmueve en el cine, incluso en el cine de mera ficción, es la aparición o la sensación de lo verdadero). En Las calles, como en las entrevistas del brasilero Eduardo Coutinho, lo verdadero aparece gracias a un artificio: la actriz Eva Bianco interpreta a una entrevistadora y los entrevistados saben que es una interpretación; una situación muy poco natural. Sin embargo, o mejor dicho, justamente por esta conciencia de puesta en escena, las preguntas y respuestas conmueven de verdad a la actriz y los entrevistados responden realmente lo que piensan o sienten.

Un ‘Jogo de cena’ conmovedor.

Germán Scelso