La ley de la calle

(Rumble Fish, EE.UU., 1983, Digital, 94’, AM13)
Dirección: Francis Ford Coppola. Con Matt Dillon, Mickey Rourke.

Rusty James es un joven que sueña con volver a los tiempos de las pandillas juveniles para emular a su hermano mayor, que en su día fue líder de una de ellas y que arrastra una reputación de rebelde e intocable como «el chico de la moto». Pero ahora su hermano ya no está, pues hace dos meses que se marchó, y a Rusty le han citado para una pelea.

Lo bueno de Coppola es esa conciencia suya de inscribirse en la Historia del Cine, en la historia grande. Lo cansador de él, es en todo caso la conciencia que tiene de realizar -como profeta tempranamente amargado- un viraje cerrado en esta misma historia del cine.

(…)

Su estilo consiste en desplegar -ostensiblemente en lo posible- el gesto arbitrario de amplificación al que somete tal o cual detalle (visual o sonoro) a fin de hacer con él, como en el jazz, un pequeño solo. (…) Hay así en La ley de la calle “solos” de imágenes (debidos a Steven H. Burum), palabras, músicas (debidas a Stewart Copeland, el baterista del grupo Police), de gestos, de movimientos de cámara, de todo. No remiten a nada, sólo al placer de quien hace zumbar una maquinaria muy bella, antes de ponerla en marcha. (S.D.)