Bandera roja

(Bandera roja, Argentina, 2016, Digital HD, 51’, AM18)
Dirección: Ignacio Cavina, Andrés Colombatti. Con Juan Pablo Leo, Gustavo González.

¿Se puede reformular la idea que se tiene sobre un «delincuente» o un «marginal»? ¿Puede cualquier otra persona tener puntos en común con una persona que delinque? ¿Cuáles y hasta qué punto?

Tres amigos: «Pequeño» Juan, Elio y Santiago, trabajan en un lavadero de automóviles, a la par de ello roban vehículos con la complicidad de dos policías. Pero el destino, el azar y sus propios temperamentos les pueden jugar en contra.

Tengo un cariño profundo por Bandera roja. Por su discurso puesto en manos de diálogos improvisados, ingenuos y hasta brutos de tan directos, pero resuelto en tomas muy precisas. Porque desde ese criterio trata «la inteligencia de los olvidados» (dice su director). Esa inteligencia que por marginal se denigra llamándola «viveza» y suele decorarse telúricamente con el adjetivo de «criolla». Inteligencia que cuando pergeña en desmedro de la propiedad privada termina rotulada como «modus operandi» y sirve para aderezar el relato paranoico que desde los noticieros justifica y anuncia el fin de la paz con la que se «toleraba» a estos olvidados. Bandera roja es una ficción cuyo «modus operandi» camina al lado de sus personajes, no les pide nada más que lo que son: un texto ingenuo, hasta bruto, pero preciso, como arma de cabotaje.

Ahora que los linchamientos a pibes choros son justificados moralmente y alentados por los ministerios de seguridad, elijo, desde el cariño, este discurso en su contra.

Diego Martínez